Sobre la Creencia de Dios
Frente a la pregunta ¿Es necesaria o útil la creencia en Dios hoy en día?, hoy me atrevo a contestar que sí.
Antes de saltar a las ideas que pudiera sostener, me parece importante recordar el camino que me llevó a ellas. Desde pequeño fui criado bajo una fe católica, algo tronca e intermitente como lo es con muchos en estos años, pero incuestionable. La creación en siete días, Adán y Eva, Moisés, Noé, Abraham y muchas historias más. A mi mente no le daba para cuestionar la veracidad, sonaba a veces como caricaturas, pero ¿por qué no podría en verdad ser así la realidad?
En mi adolescencia, y no como un acto de rebeldía, sino de curiosidad e influencia externa a la familia, comencé a conocer más de otras religiones, el judaísmo, el hinduismo, me aproximé a otras mitologías que también sonaban a caricaturas, pero de las que no podría pensar que en verdad explican la realidad, claramente estaba aún influenciado por la cuna.
Con el tiempo las historias no se sostuvieron, las preguntas que me acogían taladraron fuerte y la fe se fue perdiendo. Si muchas religiones afirman ser las únicas y verdaderas, ¿cómo estoy seguro que mi religión es la correcta? Si todos los dioses son distintas expresiones del mismo, ¿por qué sus mensajes son tan distintos? ¿En verdad al mio le importa tanto que deje de comer carne roja algunos viernes al año? ¿Por qué el otro prohíbe que los suyos coman cerdo?, ¿renacer no tendrá una pizca más de realidad que reencarnar? ¿cómo se supera el problema del mal?, siendo todopoderoso, ¿no pudo crear un universo donde no fuera necesario el sufrimiento? y la más importante, ¿por qué no puedo cuestionar y debo creer en lo que me dicen?
Fue un proceso de años, pero sin marcha atrás, cada que volvía a escuchar la misma historia me sonaba más extraña, más distante, hasta que en algún momento me resultó risoria.
En ese momento llegó la mayoría a convencerme y ayudarme a ver mi error, ¡yo vi el diablo! decía mi padre, los milagros existen, decía mi madre, y alguno me habló de ángeles, demonios, fantasmas y duendes. Los otros me explicaban el plan de Dios y el libre albedrío como justificación del mal, pero algo no cuadraba, la brecha se fue abriendo y me emancipe de la idea del Dios en los cielos, tal como lo cuenta la iglesia, pero aún tenía la esperanza de encontrar a uno real, que sorteara todos estos conflictos y que explicara la realidad que veo todos los días, que soportara el Big Bang, el ADN y los holocaustos.
Vinieron días terribles, vivía entre náuseas y angustia, ante mí se abrió un abismo que no se llenaba con nada, y ¿cómo no?, el centro de gravedad que regía el sentido de mi vida, que consistía en portarme bien para ir al cielo, se esfumó. ¿Ahora que le daría sentido a mi vida? nada me llenaba, nada me sabía. Andaba en malos pasos, pero no en sentido connotativo, sino caminaba directo al abismo de la nada y en el camino me topé con las peores compañías que pude. Sartre, Camus y Nietzche hablaron y yo escuché. Terminé por lanzarme al abismo para encontrar un espejo que reflejaba Nada, ahí paró la angustia, me sacudí las ropas, subí la cordillera del abismo cargando una piedra y al llegar la solté para verla regresar al fondo.
Ahora abrazo un nihilismo positivo, un ateísmo que depende de la definición de Dios de la que estemos hablando y un escepticismo a una ficción que se impuso violentamente sin dar oportunidad al cuestionamiento ni a la pluralidad de ideas.
Dicho esto, parece no tener sentido que apoye la creencia en Dios, yo mismo dudo que tenga sentido, pero mi argumento descansa más en los motivos por los cuales se cree en Dios, más que en el Dios en sí.
En el principio, cuando caía un rayo, cuando había un eclipse o pensábamos en que hay más allá de la muerte, el terror nos abrumaba, hasta que creamos a un Dios como respuesta y rector de la realidad. Nos dio la tranquilidad que necesitábamos. Hoy en día la ciencia argumenta que la idea de Dios ya no es necesaria, ahora ella explica el rayo y el eclipse, asegura que Dios se hace más pequeño con cada hallazgo y teoría que surge, pero eso es pecar de soberbia. Los científicos nunca podrán responder qué hay más allá de la muerte o el para qué existe el universo, lo mejor que pueden hacer ante esto es darnos Clonazepam.
La ficción de Dios funge como una anestesia, calma nuestra ansiedad y pavor de reconocernos arrojados a un mundo al que no le encontramos sentido, pero para que su efecto funcione, tenemos que olvidarnos que fuimos nosotros quienes la creamos, porque en el momento en el que lo recordamos, pierde todo efecto. De manera personal, quisiera olvidarlo y volver a comprar el cuento, volver a esa tranquilidad e inocencia, pero me es imposible, me resulta absurdo y por ello me veo en la necesidad de enfrentar el mundo solo, me encantaría tener la certeza de decir, si Dios conmigo, ¿quien contra mí?, pero no puedo, sería traicionarme.
¿Nos es útil la creencia en Dios?, rotundamente sí, nos ahorra terapias y pastillas, pero definitivamente no en todos los Dioses, ni todas las formas de creencias, algunas ficciones nos resultan más caras que pasar la vida en un diván. Necesitamos un Dios contemporáneo, feminista, medioambientalista, ajeno a los dogmas e instituciones, que le preocupen los derechos humanos y que nos explique que no nos dará todo, que tenemos que hacernos cargo de nosotros mismos como individuos y como sociedades. Necesitamos un Dios que nos proteja de lo que está más allá de nuestras manos, pero que no mueva un dedo por aquello que sí lo está.
En mi ateísmo no reniego de la creencia de Dios, la miro con cierta nostalgia. En cambio, es la religión la que despierta en mí cierto asco y cólera. Cuando olvidamos que fuimos nosotros quienes creamos a Dios, los poderosos se adueñaron de él y lo volvieron un perro a su servicio, pero se nos muestran bajo su manto y como fieles seguidores de su voluntad, mientras en lo privado reglamentan lo que es, lo que desea y lo que no.
Si Dios no logra desembarazarse de la religión, mejor volvamos a matarlo y vivamos de chochitos, porque no logrará ser aquello que necesitamos en la actualidad.
Hoy Dios debe estar alineado a la filosofía y la ciencia, debe cuestionarnos, darnos dolores de cabeza y dejarnos con algunas preguntas sin respuesta. Hoy Dios no debe ser uno, o unos cuantos, debe multiplicarse como el pan y ajustarse a las cosmovisiones actuales y morir junto con ellas, para renacer con las siguientes.
Para muchos aún es posible un Dios como éste, para mí ya es tarde, la fe se volvió ajena a mi sistema, el Dios de Spinoza y de otros tantos no cubre la cuota de anestesia. No reniego de mi ateísmo, quienes perdemos a Dios como centro, aprendemos a gravitar alrededor de algo más, ya sea trascender en la historia, conseguir una salsa schezuan o la felicidad, pero reconozco que ninguna de ellas tiene el peso de Dios.
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