El Lugar

Si bien Dios ya no rige en mi voluntad, el No-Dios, la ausencia, el espacio que deja es demasiado grande, hoy dudo de que haya algo que le sustituya. Por bastante tiempo he considerado que la felicidad debía ser suficiente, sin embargo al no ser absoluta, por los breves o eternos momentos que no está presente, deja en su lugar una sensación de insatisfacción intangible que no parece tener raíz, cosa que es sólo aparente, con cerrar los ojos puedo ver como ésta dirige a éste vacío pendiente de llenarse. 


Recién una idea se hizo presente, lo verdaderamente importante no es aquello que ocupa el lugar, sino el lugar en sí mismo. La analogía de Dios como el centro de gravedad de todo nuestro sistema o vida, es miope cuando menos. Lleva a pensar que todo gira en torno a ese lugar, se sacraliza, se le dogmatiza tanto que se deja de cuestionar que hay más allá de ese lugar. Sería equivalente a creer que todo movimiento de relevancia en nuestro sistema lo ejerce el Sol, sin mirar más allá y reconocer su verdadera influencia en el universo, nimia. 


Comienzo a darme cuenta de mi error. La idea de Dios en nuestra cosmogonía no es equiparable con nada, no sólo por quien la ocupa, si no por el lugar que ocupa.  Creí que al deconstruir a este Dios y la promesa de vida eterna, le restaba fuerza y me permitiría sustituirlo por cualquier sentido que le quisiera dar a mi vida, me decía a mi mismo que no cometería el mismo error y que no endiosaría aquel propósito que pusiera en su lugar, que sería humilde y abierto a sustituirlo cuando fuera necesario, empero, la insatisfacción no viene de no haber tenido éxito en esta deconstrucción ni viene de la falta de un sentido con suficiente peso, viene del tamaño y relevancia del lugar se debe ocupar. 


Hablamos del sentido de la vida en singular, y mientras esto suceda, sólo habrá un lugar para ser ocupado y no encuentro algo más digno que Dios para sentarse en él, por ello, ningún otro sentido podrá competirle y al quitar a Dios siempre habrá cierto grado de insatisfacción. Pero ¿qué pasaría si damos pie a la pluralidad?, si también matamos la idea de un centro de gravedad y nos damos a la tarea de encontrar aquellas fuerzas que interactúan en nuestra trayectoria. 


Esta idea me ha traído cierta confusión y alivio a la vez, pensar en ello me genera cierta paz, en los momentos que no siento la felicidad presente, ya no está la angustia que genera el vacío. Veo como cosas superfluas toman mayor peso en mi vida, la música, las labores, la contemplación. 


Recién comienzo a explorar esta idea, quien sabe hasta dónde me pueda llevar.


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